La mami no se puede quejar de tener una vida rutinaria. Gracias a mí, más bien se diría que está llena de "sorpresas". Hoy, mientras entraba a la cocina tarareando una de esas canciones que a ella le gustan y disponerse a hacer su cena, mira la ventana de la loggia y en vez de a mí, vió al Gato Gris. "¡¡Oye!!" le decía, y repetía, "¿eres sordo?" le preguntó al ver que ni la miraba. De pronto, el gato la miró fijo a los ojos pero a través del vidrio catedral y los dos se vieron distorsionados, pero de frente. "¡Ándate!" le dijo la mami (no porque no quiera a los animales, sino porque dice que los gatos "son" patudos y no quiere que otro se tome la casa como sucedió con la Mimi). Pero el gato la siguió mirando de frente mientras yo desde afuera le gritaba que saliera de allí. Y el muy leso, en su confusión, se asomó por la ventana, la mami lo miró con el ceño fruncido, se asustó y tuvo que saltar y arrancar, aunque yo estuviera cerca.
Lo que me da más rabia es que yo no invito a mis enemiguitos a la casa, ¡ellos me persiguen! la mami no entiende, cree que yo me hago la simpática y ¡nada!, al primer saludo manotazo que reciben, pero así y todo, me vienen a buscar.
Estoy amenazada a presidio perpetuo en su grado máximo si entra otro gato a la casa, así que no me puedo descuidar.
Lo que me da más rabia es que yo no invito a mis enemiguitos a la casa, ¡ellos me persiguen! la mami no entiende, cree que yo me hago la simpática y ¡nada!, al primer saludo manotazo que reciben, pero así y todo, me vienen a buscar.
Estoy amenazada a presidio perpetuo en su grado máximo si entra otro gato a la casa, así que no me puedo descuidar.
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